Cuando una vivienda no está conectada a la red pública, ella misma debe resolver de
dónde saca el agua y dónde deposita sus aguas servidas. Si esas dos cosas se resuelven
sin criterio técnico, terminan encontrándose.
Un pozo demasiado cerca de una fosa séptica, un sistema mal dimensionado o un suelo que
no absorbe lo que se le exige, contaminan la napa subterránea. Y esa napa es la misma
de la que bebe tu familia y, muchas veces, la de tus vecinos. Por eso la revisión no es
un trámite burocrático: es la barrera que evita que el problema aparezca años después,
cuando ya es caro y difícil de revertir.
La SEREMI de Salud revisa que las
distancias, el dimensionamiento y la materialidad cumplan la reglamentación sanitaria
vigente. Su aprobación es además un requisito del expediente que se presenta a la
Dirección de Obras Municipales: sin ella
no hay recepción definitiva, y sin recepción la vivienda queda irregular.